Morelia MIch a 13 de junio del 2018.- Aún con los riegos y peligros que representa el oficio de texista, Miriam ha hecho de éste su “modus vivendi”. De lunes a viernes se desplaza por la gran ciudad. En ocasiones siente miedo porque no sebe que pasajero le tocara ni que intenciones tiene.

Casada y madre dos niños, uno de 9 y otro de 7. La extrañan, le preguntan: ¿por qué no estás con nosotros?. ” Ya se han ido a acostumbrado pues saben que tengo que salir a trabajar”.

A bordo de su taxi, corre por las calles y avenidas. Mete la primera, la segunda y la tercera. Un ligero viento entra por la ventana. La música se escucha apenas. Ella fija su mirada al destino que se la ha solicitado.

Durante el trayecto, narra sus inicios como taxista y recuerda que desde hace seis años lo comenzó hacer y no encontró discriminación entre sus compañeros de la base Central, por el contrario, tuvo buena aceptación.

“Nunca ha sido groseros ni egoístas conmigo. Me aconsejan de que no suba gente en la noche, que tenga mucho cuidado”, relata Miriam, quien dice que gana al rededor de mil 500 pesos semanales.

Sin embargo, anticipa que no desea ser taxista toda la vida. Es secretaria de profesión, y aduce que los empleos están muy pagados y es por esa razón es que no ha buscado alguno.

La mujer ha experimentado el peligro. En una ocasión, un tipo se subió al taxi a quien llevó a la colonia Ciudad Jardín quien intentó arrancarle una cadena y robar su teléfono celular. La golpeó en la cara.

“Mi primera reacción fue frenar para no chocar. Él se descontroló y se estrelló en el tablero del taxi. Salió del carro y se fue. No pudo robarme”, detalla con voz suave y lenta.

Recuerda otro caso que le ocurrió, cuando dos hombres abordaron la unidad y le pidieron que persiguiera una camioneta en la cual viajaban unas personas que los habían asaltado. Más adelante, encontraron a policías se les notificó sobre el caso.

Reconoce que pasajeros la han “coqueteado”, que la han invitado a salir, a tomar un refresco o a comer. Me piden mi número celular, obviamente no se los doy” y comenta que conocer a extranjeros es uno las experiencias más bonitas que les ha pasado.

“Me gusta manejar, y sé de los peligros que tenemos, pero también por necesidad lo hago”, agrega Miriam quien conoce lo básico de mecánica. Así, ella se gana la vida a bordo de su taxi. Va y viene. Se desplaza a lo largo y ancho de la ciudad.