Por Daniel Ambriz Mendoza

En el estado de Michoacán, hace ya buen tiempo que se ha roto el diálogo en el tema educativo, ante la imposibilidad de sumar opiniones y hacer un solo equipo para enfrentar los problemas en este rubro, se ha optado por el soliloquio, un monólogo con un solo enfoque que trata de maquillar la verdadera problemática que se vive en el sector educativo. Tal pareciera que se trata de justificar lo que en los hechos está quedando muy lejos de los parámetros y de los indicadores educativos de la media nacional, seguimos muy atrás, y si no aceptamos y reconocemos la enfermedad que padecemos difícilmente nos vamos a curar.

Se puede hablar de educación, claro que sí, pero a la par, debemos estar al corriente en todos los aspectos que tienen que ver con la prestación del servicio educativo, es heroico lo que los trabajadores de la educación han estado haciendo con lo poco que se les proporciona, ha sido más la creatividad y la inventiva de los maestros y de las maestras aunados al talento innato de los niños michoacanos lo que nos ha permitido asomar la nariz por encima del agua para no morir ahogados en el mar de la incompetencia gubernamental y de la división magisterial. Para hablar de educación hay que sembrar condiciones, hay que ser ejemplo y hay que cumplir con todas las obligaciones y una de ellas es el pago de salarios, bonos y prestaciones por parte del patrón-gobierno, la otra, es el cumplimiento y la preparación permanente de los trabajadores para tener un mejor desempeño en su labor diaria.
El patrón-gobierno se ve desesperado y muchas veces hasta enfadado por el cúmulo de adeudos que le fueron heredados y que no ha podido finiquitar, pareciera que el problema de adeudos económicos con el magisterio no tuviera fin, pero si lo tiene, lo que hace falta es una adecuada planeación y ejecución del gasto público en lugar de destapar un hoyo para tapar otro, o lo que es peor, conseguir apoyos adicionales para cubrir faltantes sin evitar que se abran nuevos huecos. Así no llegaremos nunca a una solución final porque cuando parece que se llega al finiquito, se presentan nuevas prestaciones que se vuelven a aplazar y el problema sigue. ¿Y el ejercicio de una adecuada planeación del gasto público dónde queda?
La obtención de medallas en competencias nacionales por parte de estudiantes de escuelas michoacanas, debería ser el incentivo para que el gobierno del estado se aplicara en la prioridad que representa la educación, el anuncio público de estos logros no estuviera empañado por el incumplimiento patronal y tuviera el impacto social que ameritan las hazañas estudiantiles de las escuelas michoacanas que se han visto coronadas con la obtención de trofeos.
Se debe hablar de educación, sí, pero también de la satisfacción laboral de la planta de trabajadores, es más, habría que presumir que una cosa se corresponde con la otra, que los triunfos educativos son un reflejo de la felicidad de la planta docente, administrativa y manual. Poner un piso parejo para todas las escuelas de la entidad sería lo más recomendable para que no aparecieran de vez en cuando “garbanzos de a libra”, de esta manera, se comenzarían a mover hacia arriba todos los indicadores educativos y seguramente que Michoacán mejoraría el lugar que tiene en el tablero nacional.
Bajo estas circunstancias, entonces sí se hablaría de educación en todas las direcciones, se terminaría el soliloquio y comenzaría el diálogo, los conversatorios, el trabajo colaborativo, la pertenencia a un solo equipo y se vería la corresponsabilidad de todos los actores en el terreno educativo. Para hablar de educación es necesario ser no solo un buen maestro, también se requiere de un buen patrón, que vea por la satisfacción económica, el desarrollo profesional y la seguridad social de sus trabajadores.