Por: Lilia Cisneros Luján

Calendarios

El tiempo y por ende las festividades vinculadas con este han cambiado a la luz de la historia. Los griegos por ejemplo, se atenían a los ciclos lunares -28 días- por lo cual al acumularse varios de estos, había una amplia diferencia entre las fechas y las estaciones. Seguramente Chronos –que no Cronos el padre de Zeus- fue quien puso en la mente de los sabios la urgencia de rectificar y por ello, se empezaron a alternar meses de 30 y de 29 días, aunque eso tampoco fue correcto –daban 354- días solares por ello se pensó en aumentar un mes -trece cada segundo año lunar- y luego en el año V a.C. los periodos de ajuste se cambiaron a cada ocho años[1]

Otros muchos pueblos antiguos ordenaron su tiempo acorde a ciclos que resultaban de la observación de la bóveda celeste, sus ciclos agrícolas y sus costumbre religiosas; los mayas aun cuando precisan la duración de su año solar en 365,2420 días, lo cual le ha reconocido la designación del calendario más preciso de la historia; y si bien hay una fuerte corriente que asegura que los calendarios más antiguos se han encontrado en Mesopotamia, arqueólogos de la Universidad de Birmingham dicen haber encontrado rastros del calendario más antiguo -más de 10 mil años- en las cimentaciones del castillo de Crathes en Escocia

Durante sus excavaciones en un terreno del castillo de Crathes, los arqueólogos encontraron unos hoyos que parecen representar las fases de la luna. Los hoyos –dicen los arqueólogos que seguramente fueron usados para colocar postes- siguieron fases de la luna y pudieron haberse hecho por cazadores recolectores.

Así como el dios griego del tiempo –Chronos- tenía una visión distinta a la humana, en la tradición judeo-cristiana, musulmana, se asegura que un día divino es como mil años en la contabilidad humana y a la inversa, cosa que empieza a ser común sobre todo en las investigaciones de la realidad sideral mostrada por los equipos robóticos, que cotidianamente nos muestran con mayor claridad que el tiempo de Dios no es el mismo que el nuestro.[2]

Siendo el día y la noche, las estaciones, el clima, fenómenos periódicos que se repiten, la humanidad desde tiempo inmemorial, ha intentado establecer ciclos que enfatizan el tiempo y que varían en su historia dependiendo del origen de los mismos. Los pueblos prehispánicos de América, contaban esos ciclos cada 52 años y así como en el cerro de la Estrella se daba muerte a un ciclo[3] para empezar otro, la vuelta de configuraciones anteriores ocurre también en biogeoquímica, ingeniería termodinámica, matemática, informática, geología, física, economía. Sobre todo con la influencia de filosofías, como el budismo, algunas corrientes psicológicas, enfatizan la necesidad de cerrar círculos –ciclos- a nivel emocional y/o espiritual. ¿Qué justifica según esta corriente el cerrar ciclos? Según Maritza Arbaje –profesionista dominicana- el pasado siempre nos estanca –sobre todo si las emociones han sido negativas- y para dejar de estar atrapados rumiando el dolor y convirtiéndolo en obsesión, debemos transitar a lo positivo con buena salud mental y amasando un exitoso proyecto material. Según esta persona es imprescindible no confundir el cerrar un ciclo con una pérdida.

Así las cosas no todo el mundo celebra hoy el fin y el inicio de un ciclo de tiempo. Los judíos dicen estar en el año 5578 y lo celebran en época de primavera, en tanto que los musulmanes que inician su conteo con la huida del profeta de la Meca a Medina dicen estar en el año 1438; por su parte los chinos aseguran que van contando casi 4720, el último inició el pasado 16 de febrero como año del perro[4] Otras culturas de origen budista –Tailandia, Birmania, india- aseguran que sus seguidores van en el año 2560, contabilizado a partir de la fecha de nacimiento de su guía, los coptos dicen estar en el año 1741 y los seguidores del calendario maya están en el 5132.

Dentro del mismo cristianismo hay diversidad, tanto en la fecha de recuerdo del nacimiento de Jesús, como el mismo año nuevo. Antes del finalizar el siglo XVI el calendario juliano –por Julio César-, cambio los parámetros de medición de calendarios que ya se regían por cálculos solares, lo cual fue una decisión del papa Gregorio XIII. A diferencia de los turcos y los musulmanes que continúan con sus mediciones lunares, en todo caso, hay quien celebra la navidad en enero y por ende el año nuevo como fiesta cívica coincide con lo dispuesto en 1582 en el calendario gregoriano, aunque la liturgia cristiana varia entre ortodoxos, católicos, cristianos y muchas de las nuevas expresiones evangelísticas que han surgido.

Más allá de que partir de mañana Usted empiece una nueva vida porque “dejó ir lo que le abrumaba” para poder sanar emocionalmente o que haya celebrado la pascua en recuerdo de salvación cristiana o simplemente haya encontrado en esta fecha una buena excusa para divertirse rodeado de sus amigos ateos que tal vez al igual que Einstein prefieran decir: “Me gustaría conocer los pensamientos de Dios, el resto son detalles”, haciéndolo al igual que él con una buena dosis de frustración, no solo porque por error matemático discurrió que el espacio/tiempo no es un continuo sino que está dividido en infinitos seres discontinuos pues cada uno tiene su propio espacio vital y sus ciclos y relojes biológicos, sino porque filosóficamente considero al universo como un mecanismo en vez de un organismo que evoluciona……

De mi parte te deseo un muy feliz y exitoso 2019, Gregoriano.

[1] Cada ocho años, había tres ciclos de trece meses: el tercero, el quinto y el octavo año. Metón de la Atenas de Pericles cambia el ciclo de ajuste a 19 años y un siglo después –IV a C. Calipo de Cicico, se va a ciclos de 76.
[2] La Biblia, que fue escrita en griego, utiliza la palabra cronos para lo que medimos con relojes y calendarios en tanto que usa Kairos, para aludir al tiempo oportuno, tiempo favorable, momento señalado o preciso, que se manifiesta en la tierra para bendición
[3] No confundir con siclo, unidad monetaria y de medida hebrea.
[4] Sus celebraciones duran quince día inician con la primera luna y la Danza del Dragón. El “Festival de la Primavera” culmina con el “Festival de la Linterna” cuando los niños iluminan la noche con sus propios faroles de luz.