Por Salvador Hurtado

LA CREDIBILIDAD DE LAS ENCUESTAS EN EL MÉXICO PREELECTORAL DE NUESTROS DÍAS ESTÁ POR LOS SUELOS

Ni se irrite ni se ofusque ni se pelee ni haga caso. Las encuestas, se ha repetido hasta el cansancio por personas coherentes e inmunes a la calentura, describiendo que éstas sólo muestran lo que el que paga quiere que muestren, porque el que paga, en este país y en cualquier otro, es el que manda.

Por ejemplo, esas encuestas de interlocutores que encontraron confort en esta actividad obteniendo con ello fama y dinero y donde supuestamente Andrés Manuel López Obrador está por encima de cualquier candidato, poniendo a Pepe Meade más robustecido que a Ricardo Anaya y que el actual pronóstico, pone al candidato del PAN-PRD desplazado porque aseguran ya se siente miembro de la monarquía y no acepta consejos de sus esbirros, quién cree usted que las pagó?.

No fue AMLO quien cubrió los costos, porque aunque va arriba en las encuestas, por lo mismo se toman como irreales. Esas encuestas las pagan personajes anónimos que simpatizan con él, por lo tanto hace más dudosa la veracidad en sus estadísticas provocando a quien quieren siga punteando debajo de Lopez Obrador, por supuesto, cuando ven que los tiempos para la definición ya está encima, de forma controlada y con ayuda de no pocos comunicadores, provocan desviar la atención con absurdos y retadores comentarios. Pero seguramente pronto apuntan, Anaya sacará la suya y así sucesivamente le harán un favor al arrogante y millonario panista asociado con los perredistas (¡¡quien lo iba a imaginar!!) y lo pondrán como la única opción para derrotar al vetusto Opositor a pesar de que muchos panistas y perredistas no lo puedan ni ver.

En fin, que si fuéramos congruentes en este país ya habríamos prohibido las encuestas, porque sólo sirven para que los militantes o los partidarios de uno u otro candidato se enfrenten de una forma primitiva pues ya existen informes de que se ha llegado a agresiones

Las que han presentado diversas casas ocupadas de los sondeos realizados de cara a las elecciones que habrá de celebrarse el primero de julio del presente año, han caído mucho en el ánimo del electorado y ni dan pistas creíbles y tampoco enseñan la oreja de quién o quienes las están financiando.

Una sociedad tan informada como lo es la sociedad actual de México, no se traga el cuento de que en unas encuestas vaya resultando ganadora ¡AMLO! y en otras que Anaya esté en empate técnico con Meade.

Como diría el clásico Manuel, Meme, Garza González, los electores de nuestro país andan buscando al pendejo que crea en ese tipo de encuestas que se ve están pero harto cuchareadas.

En las varias encuestas recientes sobre las preferencias electorales de la entidad: el líder indiscutible es Andrés Manuel Lopez Obrador con mayoría de las preferencias en promedio. El ex priista, ex perredista y actual propietario de Morena, en comparación a sus

competidores, es conocido por la mayoría de los encuestados, pero también es quien enfrenta la mayor parte de las críticas negativas por ser el más irreverente.

Sorprenderá a muchos leer que aparece una “crisis de las encuestas” después de cada elección en la gran mayoría de los países donde encuestar es práctica común. En las últimas semanas, por ejemplo, aparecieron las más recientes “crisis” en el Reino Unido, Israel y Estados Unidos. México, por lo tanto, no es la excepción, a pesar de la creencia de un buen número de comentócratas.

De hecho, México ha vivido “crisis de las encuestas” virtualmente desde la reaparición de estas mediciones al final de los 80. En los 90 fueron las crisis por la sospecha de que los métodos empleados para encuestar podrían convertirlas en instrumentos para encubrir el declive electoral del que quieran hacer garras. En los 2000 fueron las crisis causadas por la incertidumbre sobre la proclividad de los encuestados a revelar sus “verdaderas” preferencias electorales luego de la transición a la democracia. En lel 2010, la crisis es motivada por la desconfianza de los candidatos no favorecidos por las encuestas y por los casos sonados donde un encuestador no “le atina” al resultado de la elección.

Nuestra situación no es, pues, tan distinta a la que ha prevalecido en los últimos procesos electorales en términos de “crisis de encuestas”. Lo que es diferente hoy es la escasez de debate y reflexión para mejorar la metodología que se utiliza para encuestar.

En los 80´s y 90´s se dieron debates metodológicos vigorosos para entender a la opinión pública mexicana y la metodología adecuada para encuestar. Inclusive se creó una revista —Este País— para dar voz a la investigación sobre el tema en términos comprensibles para todo público. En años recientes, en cambio, el “debate” se ha limitado a repetir los mismos argumentos de las décadas previas: “los encuestados mienten”, “las encuestas no son una predicción sino una fotografía”, “la veda electoral nos impide mostrar los cambios más cercanos a la elección”… El debate, pues, ha sido reemplazado principalmente por justificaciones. Estas justificaciones, además de no contribuir a corregir potenciales errores en las encuestas.

El problema central hoy en México es que no sabemos qué está bien y qué está mal con las encuestas. Esto no es extraño cuando la gran mayoría de los encuestadores mantienen parte de su metodología como “receta secreta”, y la autorregulación del gremio es laxa por decir lo menos. Sin un diagnóstico, es difícil saber dónde existe un problema, si es que existe alguno, y virtualmente imposible tomar medidas efectivas.